Los misterios del cerebro masculino y femenino
Autora de éxito y profesora de clínica psiquiátrica de la Universidad de California, en San Francisco, Louann Brizendine se encontró desarmada cuando el ginecólogo le dijo que iba a ser madre de un niño. "Las mujeres podemos amar a los hombres, vivir con los hombres y tener hijos varones, pero no podemos entender a los hombres ni a los niños", sostiene. Años después, publica El cerebro masculino, un ensayo en el que desentraña por qué el bebé, el niño, el adolescente o el hombre maduro se comporta como se comporta.
Y una razón de peso se encuentra en la testosterona, que en la adolescencia se multiplica por 20. "Desde entonces, lo más probable es que el hombre tenga de 10 a 15 veces más carga hormonal que la mujer, y también tendrá tres veces más interés en el sexo", explica Brizendine.
Los hombres se acostumbran a vivir con ello, pero las mujeres no siempre llevan bien que su chico se fije en otras. "Si se sienten ofendidas, pueden pedirle, por favor, que no lo haga, pero si se equivocan, deberían perdonarle", aconseja la experta. Va en su naturaleza, del mismo modo que al iniciar una relación ella piensa en el compromiso y él, en el sexo.
De hecho, tres de cada cuatro hombres confiesan que han mentido para acostarse con una mujer. "Los encuestados reconocían que incluso han dicho falsamente que quieren a la mujer para tal fin", asegura Brizendine, que matiza que en su libro habla de la media, de la generalidad, pero que hay un 10% de varones y un 10% de féminas en que destacan más los aspectos femeninos que los masculinos y viceversa. En el terreno laboral, por ejemplo, se fomenta que la mujer emule al hombre de negocios, cuando no es siempre positivo, pues la mujer tiene mucho más espíritu cooperativo. Ya desde niña, cuando se implica en juegos de equipo 20 veces más que un niño.
Los hombres juegan para ganar: "Identificarse con figuras deportivas aumenta la testosterona. Aunque sólo si gana su equipo. Si no, baja", afirma la autora, que rechaza que sobre el terreno de juego ellos muestren más compañerismo: "Si a las mujeres les pagaran igual quizá se llevarían mejor".
No, ni todos los hombres ni todas las mujeres son iguales, pero sí son diferentes entre sí, pues nadie enseña a los niños y las niñas a jugar como lo hacen, pero ellos suelen elegir las pistolas y ellas, el rol de mamá. Y Brizendine no tiene reparos en comparar a los hombres con las lagartijas: "Su estrategia varía en diferentes años climáticos, según la disponibilidad de hembras y de alimentos...".

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